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CÉSAR VALLEJO Y EL ENIGMÁTICO VERSO “SERPENTÍNICA U DEL BIZCOCHERO ENGIRAFADA AL TÍMPANO”

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CÉSAR VALLEJO Y EL ENIGMÁTICO VERSO “SERPENTÍNICA U DEL BIZCOCHERO ENGIRAFADA AL TÍMPANO”
Esta línea del poeta César Vallejo que se puede leer en el poema XXIII de “Trilce” y que al igual que muchas de sus producciones literarias, se han convertido en una obsesión interpretativa para los expertos en el área. Pero el origen de la misma es simple, según contó el líder y fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre:
“Ingresamos el mismo año a la Universidad de Trujillo, y estuvimos juntos todos los años de estudio. Fuimos muy amigos (…) Y, claro, al mismo tiempo, Vallejo, pues, era poeta, era un poeta. Y muchas cosas que se dicen de él… A Vallejo se le achacaba oscuridad y galimatías. Pero, por ejemplo, hay un poema que nosotros lo conocemos mucho en su origen. Cuando él dice: «Serpentínica u del bizcochero enjirafada al tímpano…». Eso no tiene explicación posible, ¿no? Y por eso lo han atacado mucho. Bueno, Vallejo vivía en unos balcones que hasta ahora están, de lo que llamaban Hotel …

TUBERCULOSIS

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VIRUS DEL ZIKA

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LA COBARDÍA DE AGUSTÍN BELAUNDE EN ARICA

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LA COBARDÍA DE AGUSTÍN BELAUNDE EN ARICA
“El jefe peruano que discrepó de la opinión de sus compañeros de armas, fue el coronel de guardias nacionales Agustín Belaunde, jefe del batallón "Cazadores de Piérola", formado casi en su totalidad de gente colecticia tacneña. En el consejo de guerra este individuo fundó su voto en favor de la capitulación, alegando que, habiéndose perdido toda esperanza de auxilio, sea de Leyva, o de Montero, era pueril creer que las escasas tropas de que se disponía, fueran capaces de contener el empuje de las orgullosas legiones invasoras; que no era acción de cobardes capitular ante enemigo tres o cuatro veces superior en número, haciendo antes "tabla rasa" de Arica y sus fortificaciones; finalmente que no hacerlo así, era sacrificar, a sabiendas, tanta juventud en flor; era llevarla al matadero (textual).
Es de suponer la indignación que causaría a los presentes tales declaraciones; todos protestaron de ellas, atribuyéndolas a cobardía. …

PARADOJAS DIVINAS

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PARADOJAS DIVINAS

-¡Señor, regreso a ti como la más humilde de tus criaturas, y sólo con el ánimo de obtener tu perdón!… -¿Por qué habría de hacerlo? – tronó la voz del Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente. -Porque estoy completamente arrepentido de todos mis pecados y jactancias, de mi atrevimiento por pretender igualarte y sentarme en el trono que con toda justicia y derecho te pertenece. Y porque nadie mejor que el que ha perdido la gracia de la confianza, sabe lo que es sufrir y por eso, con mayor razón el arrepentimiento es sincero… -Ya una vez creí en ti e incluso te elevé por encima de tus pares…te embellecí hasta lo indecible y te hice portador de mi luz, recibiendo por ello el nombre de Luzbel…No…Definitivamente no…No te puedo perdonar… -Contradices entonces tu naturaleza… ¿Acaso Dios no es toda bondad? Si dices que mi presencia en el mundo sólo genera inequidad, maldad, dolor, enfermedad y muerte… ¿No te parece que, si me recibieras en tu seno como el hijo pródigo del que habl…

LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN

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LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN
Se menciona que la gran proeza de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán español que terminó por expulsar a los moros de España, fue la de responderle de tú a tú al mismísimo Rey castellano:
Frente a las malas intenciones del Rey Carlos VIII de Francia sobre las posesiones aragonesas en Italia, los Reyes Católicos mandaron al general cordobés junto a 6.000 soldados de a pie, la mayoría castellanos, y a 700 jinetes a presentar batalla a un ejército que les superaba notablemente en número. Los españoles se impusieron, pese a la escasez de fondos destinados a cuentagotas por la hacienda real, a fuerzas mejor armadas y avitualladas. Por eso mismo sorprende que el Rey Fernando «el Católico» pidiera al final de su servicio a don Gonzalo cuentas del dinero gastado, sospechando que había guardado parte a su beneficio. La inconfundible respuesta de un español de la época hizo inmortal aquella anécdota.
«Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por…