¡HOLA AMIGOS! LES DOY LA BIENVENIDA A ESTE NUEVO BLOG, EN EL CUAL SUBIRÉ ALGUNOS TEXTOS ELABORADOS A LO LARGO DE DOS DÉCADAS. ESPERO Y RUEGO QUE PASEN UN MOMENTO DE SOLAZ ENTRETENIMIENTO.

lunes, 19 de septiembre de 2016

LOS OTROS

LOS OTROS

“Papá Maco” llevaba un buen rato apostado sobre una roca dominando las alturas, oteando con unos binoculares al pueblecito que se podía apreciar al fondo del estrecho valle; el frío calaba profundamente en los huesos del joven teniente a pesar de que estaba abrigado con un par de camisetas, el suéter reglamentario del batallón antisubversivo y un anorak que le cubría hasta las caderas – muy antimimético para la zona, dicho sea de paso, pues su color verde petróleo destacaba sobre el gris de las peñas durante las mañanas - . Su aliento salía acanalado hacia el aire iluminado por esa luna ictérica y empañaba constantemente los vidrios de los prismáticos, por lo que periódicamente debía de limpiarlos con su dedo que el guante volvía exageradamente rechoncho.

Papá Maco después de pasear una mirada por el pueblo lenta y metódicamente con los gemelos, decidió que era suficiente de estar de vigía y que ya era hora de ser reemplazado por algunos de sus soldados.

Estaba por llamar a uno de sus subordinados, cuando creyó ver a una sombra que se escabullía entre los roquedales, cerca de la periferia del pueblo; la sola idea de vislumbrar a un potencial enemigo puso en alerta todos sus sentidos de guerrero, y como si fuera un felino dispuesto a abalanzarse sobre su presa, alargó en toda su longitud a su escuálido cuerpo y empequeñeció innecesariamente los ojos, en tanto que una media sonrisa se dibujaba en su rostro frunciendo la cicatriz que cruzaba su mejilla derecha y partía por la mitad su puente nasal…llevó los binoculares a su cara y carcajeó quedamente, pues había identificado a su objetivo.

-          Lucho…Lucho – susurró el teniente - …despierta a la gente sin hacer ruido…tenemos a unos “turrucos” merodeando por el pueblo.

Lucho, un parco y fornido cabo re-enganchado que estaba apostado cerca de Papá Maco, obedeció sin chistar la orden y se fue deslizando hacia la ladera del cerro cuya geografía había formado una larga oquedad y un parapeto natural, ideal para la defensa, se arrastró suavemente y fue despertando uno por uno a los ocho hombres que estaban disfrutando de un merecido sueño, en tanto que los dos hombres restantes que completaban el pelotón, se encontraban custodiando a un prisionero que estaba tendido de costado y fuertemente atado, se pusieron alerta al escuchar el ruido que producía el reptar de un cuerpo contra el cascajo, pero al distinguir la maciza figura de Luis, se tranquilizaron y siguieron con lo suyo. Poco a poco los soldados tomaron sus posiciones estratégicamente, sin necesidad de una orden.

-          “Lucas” …Lucas…- inquirió el teniente - ven flaco…trae lo tuyo…

El llamado Lucas, un joven sargento liberteño con fama de diestro e imbatible tirador, se acercó a un par de metros de su jefe.

-          Lucas…hacia esos roquedales… ¿Los ves? Son siete y se están acercado de a pocos… ¿Ya diste con ellos?

-          Sí mi teniente... los tengo en la mira…Usted dirá…

-          Apunta en el “coco” al de al frente, que debe ser el jefe… ¿Lo tienes?

-          Sí, sí…lo tengo en la mira teniente…

-          Abre fuego en uno…dos… ¡ahora!

Un seco ruido turbó la paz de la noche, haciendo que algunas aves que anidaban en las laderas graznaran asustadas y levantaran vuelo.

-          ¡Puta madre flaco…fallaste huevon…no le diste ni mierda!

-          ¡Sí le di teniente…estoy seguro…!

-          ¡Ya se dieron cuenta los terrucos carajo…todos disparen a discreción… fueeeeeegoooo… fuegoooo…quémenlos a todos…quémenlooooos…!

Todo el pelotón comenzó a disparar a diestra y siniestra hacia las figuras que se aproximaban sin protegerse, mientras que de uno de los ángulos del parapeto comenzó a tabletear la ametralladora pesada, regando sus proyectiles sobre la ladera, sobre las figuras, entre las figuras, a través de las figuras, levantando unas enormes polvaredas y esquirlas que chispeaban en lo lóbrego de la noche.

-          ¡Alto el fuego…dije alto el fuego mierdas! …vamos a ver…

Despejada la humareda, se pudo apreciar a las mismas figuras en su lento e inexorable avance hacia el pelotón de soldados.

-          ¿No les dimos a ninguno? ¿Qué chuccha pasa aquí? ¡Seguro tienen chalecos antibalas los terrucos…José, trae el prisionero! … ¡Ven aquí huevón! ...dime… ¿Tus amiguitos qué están usando? ¿Ah? ¡Habla que te quemo ahorita mismo!

-          No lo sé, no lo sé jefecito…se lo juro por Diosito que no lo sé, no son mi gente, le juro que no son mi gente – respondió gimoteando el terrorista hecho un ovillo – nosotros hace una semana también los hemos visto, pensábamos que eran soldados como ustedes y les tendimos una emboscada y les dimos con todo lo que teníamos, pero nada…no les hicimos nada…y mis compañeros uno a uno fueron desapareciendo cada noche y al día siguiente les encontrábamos con los ojos enormemente abiertos, la cara deformada y botando espuma por la boca…se lo juro por mi madrecita jefe…vámonos mejor…vámonos jefe…ustedes me capturaron porque yo estaba huyendo de ellos…vamos jefecito…no sea malito y vámonos de aquí, hágalo por su madrecita…

-          ¡Calla indio huevon! …vienes con huevadas conmigo… ¡Raúl, Raúl…trame el RPG…cárgalo con la “papaya”! …dame eso que yo me los voy a soplar a esos serranos de mierda…ajá…eso es…ahora van a ver esos terrucos de mierda...

El enfurecido teniente portando un lanzacohetes sobre el hombro derecho, se puso de pie sobre la peña y disparó la granada hacia el pequeño grupo de figuras que ahora eran fácilmente visibles en sus fisonomías, a la acción del gatillamiento del arma se acompañó de un sonido similar al descorchamiento de una botella de champaña, siguiéndole a la acción una densa humareda que salió por ambas bocas del tubo portátil. La noche se iluminó por efectos de la explosión a unos cincuenta metros, mientras que Papá Maco, exultante, lanzó un rugido prolongado de euforia y adrenalina...pero a los pocos segundos, su algarabía se truncó por el silencio…una densa neblina fosforescente rodeó sus piernas…Papá Maco hizo intento de moverse, mas no pudo hacerlo, estaba como clavado en el suelo…se cogió los muslos desesperadamente y trató de zafarse, pero sus esfuerzos eran inútiles, de pronto una mueca de horror se dibujó en su rostro ahogando un grito que no se llegó a concretar…y cayó fulminado cogiéndose el pecho…

El terrorista comenzó a gritar desaforado y el pánico se hizo general en las filas de los soldados, quienes cogiendo como podían sus armas, comenzaron a huir por la ladera contraria de donde estaban las figuras extrañas.

Al día siguiente, al regresar, encontraron el cadáver del teniente, con los ojos queriéndoseles salir de sus órbitas, la boca exageradamente abierta en un rictus de terror, mientras que sus labios ahora azulados, estaban manchados por una saliva espesa y espumosa. Mientras construían una improvisada camilla que les permitiría transportar los restos del teniente, escucharon un gimoteo familiar…y recordaron que había abandonado al terrorista atado y escondido en una de los terraplenes…al acercársele, le encontraron en la misma posición donde la habían dejado, acuclillado, tenía el pelo completamente encanecido y apelmazado de sudor, la mirada perdida y en una actitud de enajenamiento, repetía monocorde una letanía:


-          No son los suyos ni los míos…son los otros…son los demonios…

domingo, 4 de septiembre de 2016

LA REBELIÓN DE LOS BRACEROS DEL VALLE CHICAMA

LA REBELIÓN DE LOS BRACEROS DEL VALLE CHICAMA

Coolies en Casa Grande
Antes de la Guerra del Pacífico, la mano de obra que trabajaba en las haciendas de la costa había provenido del Asia, por medio de los coolies (1) que trabajaban en condiciones de semi-esclavitud, pasada la guerra, los hacendados inmediatamente resuelven su problema de escasez de mano de obra en base al enganche de indígenas de la sierra.

Peter F. Klarén en su libro “Formación de las haciendas azucareras y orígenes del APRA”, refiere que el enganche era un sistema “cruel pero eficiente”. Cuando el hacendado necesitaba mano de obra recurría al “enganchador”, le informaba a éste del número exacto de trabajadores que necesitaría y le entregaba una importante suma, generalmente en oro, para pagar adelantos de sueldo a los futuros enganchados. Una vez aceptado el “encargo”, el enganchador o su agente, el sub enganchador, viajaba a lugares de la sierra como Huamachuco, Santiago de Chuco, Chota y Cajabamba, en busca de la mano de obra solicitada. Allí visitaba las comunidades indígenas, generalmente antes o poco después de la cosecha local, cuando el indígena estaba más desocupado para emigrar a trabajar a la costa. Usando el oro como cebo, el enganchador le ofrecía trabajo, dorándole sus beneficios en la forma más atractiva. El indígena era ilusionado con recibir una importante suma en oro en forma inmediata, por lo que usualmente tomaba la oferta y firmaba un contrato que no podía leer. Con eso se comprometía a trabajar temporalmente en la hacienda costeña por un número determinado de meses, generalmente dos o tres, y con obligaciones específicas en dicho período. Después, cuando hubiera cancelado la deuda contraída, quedaba libre. Sin embargo, la deuda era tal que era casi imposible que pudiera pagarla, por lo que tenía que quedarse a trabajar en la hacienda de manera permanente. (Sobre este tema escribió magistralmente Ciro Alegría en un par de sus capítulos de su obra “El Mundo es Ancho y Ajeno”, omito intencionalmente el nombre de los acápites referidos, con la expresa intención que den lectura a la obra completa, que, dicho sea de paso, estoy seguro será de su deleite de principio a fin).

Braceros amotinados
Estos trabajadores enganchados ya instalados en las haciendas costeñas vivían ciclos de tensa pasividad, hasta que los ánimos se exaltaron por los maltratos que sufrían, y se sublevaron contra la autoridad de sus capataces y jefes al grito de “¡huelga, huelga, viva la huelga!”, atacando y saqueando las oficinas, para posteriormente prenderles fuego.

Así fue el “conflictos social” de aquella época...y probablemente fue la huelga más violenta ocurrida en el Perú, la del siempre tranquilo Valle de Chicama, siempre tan consecuente con el patrón, hasta ese mes abril de 1912. (Usualmente las protestas en este valle se expandían al vecino valle de Santa Catalina, en particular a la hacienda Laredo).

El 8 de abril de 1912 la protesta comienza en Casa Grande, donde laboraban casi cinco mil obreros, aparte de la gente de campo cuya cifra ascendían a casi quince mil hombres. Ellos se rebelaron contra una orden de la compañía que les aumentaba la tarea (la cantidad predeterminada de tierra que debía trabajar el bracero). Los trabajadores solicitaron un aumento en el jornal proporcional al trabajo asignado, y al no obtener una respuesta satisfactoria, tomaron la hacienda. Mientras algunos prenden fuego a los campos de caña, otros saquean e incendian las principales bodegas de la hacienda, sitios donde estaban obligados a comprar con sus tarjetas y con las cuales se multiplicaban sus deudas, por lo que, al tomar los bazares, tuvieron especial cuidado en destruir los libros de cuentas del enganchador, que efectivamente encadenaban a los braceros al sistema de peonaje.

Al finalizar el primer día de amotinamiento varias personas habían muerto y la policía rural – "Los Vigilantes" -, llamada para restaurar el orden, tuvo que retroceder ante la aplastante mayoría de los amotinados.

Braceros toman la Casa Hacienda de Casa Grande
En los días subsiguientes la violencia se extendió a las haciendas vecinas y finalmente todo el valle de Chicama estuvo en llamas. El 11 de abril, aproximadamente sesenta hombres de tropa, del cuartel Nº 7 de la región, fuertemente armados, fueron enviados a sofocar la revuelta. Al ingresar por el oeste de la Hacienda para tomar de sorpresa a los sublevados, se toparon con varios cientos de braceros provistos de machetes pertenecientes a la hacienda Sausal, un anexo de Casa Grande, que se dirigían al epicentro de la revuelta para apoyar con sus presencias y accionar. La tropa formó una doble fila y abrió fuego a una distancia de 50 metros sobre la masa de braceros que se aproximaba, la descarga dio muerte a quince de ellos y provocó casi el doble de heridos, pero no logró contener el ataque y se vio obligada a abandonar sus planes de llegar a Casa Grande, dejándola completamente a merced de los amotinados. Como resultado, la casa-hacienda fue saqueada y quemada.

Escenas similares se repitieron en las otras grandes haciendas del valle tales como Chiquitoy, Cartavio y Laredo, donde obligaron a la evacuación de técnicos y propietarios. A los siete días de desórdenes en el valle de Chicama, los funcionarios y comerciantes de la ciudad de Trujillo temieron que los amotinados braceros marcharan sobre la ciudad, la cual estaba prácticamente indefensa, por lo que, en la mañana del 14, las autoridades se reunieron en la Prefectura para discutir la formación de una guardia urbana, destinada a proteger la ciudad de una posible invasión de braceros. Finalmente se decidió que tal fuerza no era ya necesaria en vista del gran destacamento de tropa que desde Lima estaba en viaje hacia Trujillo, no obstante, buena parte de los comerciantes por precaución suspendieron sus actividades comerciales y trancaron sus puertas.

Tropas prestas a entrar en acción
Al día siguiente llegó al puerto de Salaverry una nave de guerra con alrededor de 300 soldados y varias piezas de artillería destinadas a sofocar la revuelta en el valle. Puesto en marcha, el ejército fue tomando uno a uno los centros más agitados del valle, estableciendo tácticas represivas y fusilamientos, y con ello, los disturbios se suprimieron rápidamente no sin antes férrea resistencia de los sublevados. En forma gradual se restauró el orden y una calma relativa volvió al valle. La estimación final de los daños y perjuicios que causó la violencia fue muy elevada. Aunque el informe del gobierno, publicado posteriormente sólo mencionó que la calma había regresado a las zonas azucareras, en forma notoria omitió referirse al número de víctimas; un informe privado y conservador preparado por la Sociedad Pro- Indígena afirmó que por lo menos 150 huelguistas habían sido muertos y muchísimos más estaban heridos. Otros refieren que no menos de 500 fueron los trabajadores muertos, y los heridos, el triple.

Fusilamientos
En su informe gubernamental Felipe de Osma y Pardo no ve al problema suscitado en casa Grande y las demás haciendas azucareras como un conflicto capital-trabajo , sino como causal del mismo al sistema del enganche, sugiriendo que debe ser reformado.

En suma, la de Chicama fue una revuelta con un saldo de cientos de trabajadores muertos, con informes posteriores complacientes hechos por el gobierno donde absuelven a los hacendados de toda responsabilidad y esconden la cifra de obreros fallecidos, con fuerzas del orden que no recibieron sanción alguna, y con familiares de víctimas que no recibieron reparación alguna.

El impacto de esta rebelión también lo sintieron otras personalidades. César Vallejo trabaja desde 1911 como ayudante de cajero de la Hacienda Roma de Chicama y fue testigo presencial de la explotación de los trabajadores enganchados de las plantaciones de caña y de la posterior masacre de 1912. El Grupo Norte, de Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, César Vallejo, Alcides Spelucín, Manuel Arévalo y otros, no sólo se ve influido por la masacre, sino que se vincula con los trabajadores cañeros. Sin embargo, este movimiento social acaba por alimentar fundamentalmente a un movimiento político: el APRA, como relata Peter Klarén en el libro citado. Al APRA se suman no sólo los trabajadores cañeros, explotados por los terratenientes, sino también las clases medias y los propios capitalistas arruinados por los grandes hacendados. El discurso aprista es antiimperialista y va dirigido a "las clases oprimidas". Era un partido revolucionario opuesto a los grandes terratenientes y a la intervención imperialista en el Perú.


(1)   Culi, culí o coolie, fue el apelativo utilizado para designar a los cargadores y trabajadores con escasa cualificación procedentes de la India, China y otros países asiáticos

martes, 2 de agosto de 2016

UNA HISTORIA COMO OTRAS…

UNA HISTORIA COMO OTRAS…

Era una niña de aproximadamente 9 años de edad, hija única de padres de gran influencia en su pequeña ciudad; esta niña tenía todo los juguetes y ropa que hubiera querido y deseado una niña normal con buena educación, pero a pesar de contar con todas estas comodidades, la pequeña sufría de una soledad incomparable, pues sus padres solían acudir con frecuencia a fiestas, reuniones, asambleas o cualquier evento en la que ellos pudieran ser el foco de la atención del público, y a su nena la dejaban sola en la casa...

Con cierto remordimiento de conciencia por haberla relegado de sus vidas y tratando de compensar su desidia y desafecto, sus padres decidieron un día regalarle un cachorro de raza grande con el objeto de alegrarle en sus momentos de soledad…y así pasaron cuatro años y la niña y el perro se volvieron inseparables. Una noche como ya era costumbre, los padres fueron a despedirse de la niña; el perro, fiel guardián y acompañante, se postraba abajo de la cama atento a los requerimientos de su joven ama. La chiquilla, cada vez que sentía miedo o no podía conciliar el sueño, extendía una de sus manos fuera de la cama y el perro la consolaba lamiéndosela…y esta maniobra se repetía con cierta frecuencia hasta hacerse un hábito entre ambos.

Un día los padres se fueron a una fiesta como era usual ya en ellos, y la niña aburrida sin nada que hacer, se sumió en un profundo sueño, pero aproximadamente como a las 2:30 de la madrugada, un fuerte ruido la despertó, eran como rasguños leves que luego se tornaron en más fuertes, escuchó unos gemidos ahogados de cachorro. Entonces, temerosa, bajó la mano para que el perro la lamiese y sintió ello una y otra vez…entonces ella se tranquilizó y volvió a conciliar el sueño otra vez.

Cuando ella se despertó por la mañana descubrió algo espantoso: En el espejo de su tocador había algo escrito con letras rojas, al acercarse y tocar a una de ellas, se percató que la tinta no era tal sino sangre, y el escrito decía así: N0 SÓLO LOS PERROS LAMEN…la pequeña retrocedió aterrada y al tratar de girar sobre sí misma para salir del dormitorio, no pudo contener un grito de terror al ver a su perro crucificado en el suelo de su habitación.

Se dice que cuando los padres la encontraron, ella no dejaba de repetir: “¿quién me lamió la mamo?... ¿quién me lamió la mamo?”, para luego citar una y otra vez el nombre de su perro…la niña se volvió loca y hasta la fecha se encuentra recluida en el pabellón de psiquiatría…sus padres, tratando de olvidar lo que hallaron en el cuarto y a su hija, consecuentes con su manera irresponsable de vivir, viajaron al extranjero, abandonando casa e hija.


Y la incógnita más grande es: según los que fueron a investigar al cuarto de la niña, el perro ya estaba muerto, es decir crucificado en el suelo, desde hacía varias horas cuando ella sintió las lamidas en su mano…por lo que cabe preguntarnos… ¿Quién le lamió la mano a la niña debajo de la cama?

jueves, 28 de julio de 2016

HUACA CHINA (Leyenda)

HUACA CHINA
(Leyenda)

Huaca China era la más hermosa de las doncellas del Valle de Ica. Estaba comprometida con un joven y apuesto guerrero que era a la vez, el príncipe de su comarca y heredero al trono. Ambos jóvenes habían planificado contraer nupcias en la primavera próxima, juntos habían elegido el mejor terreno para confeccionar su casa y ésta a su vez, estaba rodeada por las más ricas y fértiles tierras que había en el Valle…pero tanta dicha planificada quedaron truncas ante eventos inesperados, pues llegaron hasta ellos las noticias del avance de un gigantesco ejército comandados por unos señores que vivían al otro lado de las cordilleras, y que venían sometiendo por las buenas o por las malas, a todos los pueblos que encontraban a su paso.

El príncipe puso sobre las armas a los hombres de su comarca, pidió la bendición de su padre y del Dios Pachacamac para que le permitiera regresar con bien, para alegría de los suyos, el de su familia, y, sobre todo, para poder disfrutar de la compañía de su bien amada Huaca China.

La despedida del ejército fue breve, no hubo tiempo para adioses prolongados u ofrendas al Dios protector, pues el ejército invasor ya había entrado al Valle aplastando la resistencia de algunos Reyes, que, olvidando sus diferencias y rencillas, se habían unido con el afán de hacerles frente al todopoderoso señor quechua.

Las madres, esposas, hijas y hermanas vieron partir a sus familiares con destino incierto, todas lloraban de rodillas y se mesaban las largas cabelleras en señal de dolor…Huaca China, con el corazón atenazado por el dolor, subió presurosa a unos roquedales cercanos y vio partir al serpenteante ejército comandados por su amado, quien le dio un adiós con la mano a la distancia...

Después de tres días de espera, le llegó la horrible noticia: Su joven amado había muerto junto con sus hombres en una reñidísima batalla donde no se pidió clemencia ni cuartel por ninguna de las partes…Huaca China, impregnada de dolor y tristeza, fue corriendo al lugar donde ella y su príncipe se vieron por primera vez, sitio al que convirtió en lugar de peregrinación y al que regresaba cada día para llorar y evocar el recuerdo de su querido guerrero.


Un día, la doncella miró al espejo de cuarzo que tenía en su mano, y vio en el reflejo que su amado la estaba observando e hizo intento de acercársele, más la doncella aterrada por la aparición, huyó de él y empezó a correr por el desierto, pero en su intento por escapar, soltó al espejo y este cayó rompiéndose en miles de pedazos, cada uno de los cuales se fue fundiendo en la arena y formando la laguna, mientras que sus vestidos que la cubrían fueron convirtiéndose en las dunas que rodeaban esa masa de agua. Finalmente, ella se sumergió en la laguna que acababa de formarse y tomó la forma de una hermosa sirena, que sale en cada noche de luna llena, lamentándose por haber huido de la aparición de su joven amado…

lunes, 18 de julio de 2016

EL QUIJOTE DE LA MANCHA (Resumen)

EL QUIJOTE DE LA MANCHA
(Resumen)

Alonso Quijano es un hidalgo de unos 50 años, que leía tantos libros de caballería que se volvió loco, un día decidió que se haría caballero andante y que se llamaría Don Quijote de la Mancha y su estimada se llamaría Dulcinea del Toboso. Una mañana Don Quijote empieza su aventura y se va a una venta porqué le nombren caballero, cuando ya le han nombrado caballero se encuentra con unos mercaderes, se pelea y cae al suelo, tuvo suerte que en vecino suyo pasara por allí y lo llevara hasta su casa.

Un día fue a verlo un amigo suyo llamado Sancho Panza y le pide que le deje acompañar en sus aventuras. Ellos dos pasan muchas penalidades.

Don Quijote demuestra que está loco en muchas ocasiones como por ejemplo cuando ataca unos molinos de viento pensando que son unos grandes gigantes, cuando ataca unos frailes que llevan una dama pensando que son unos secuestradores, cuando ataca un rebaño de ovejas pensando que es un inmenso ejército, cuando deja libres unos galeotes, cuando se pone un yelmo en la cabeza pensando que es un sombrero. etc.

Un día Don Quijote pide a su acompañante Sancho Panza que le lleve una carta a Dulcinea, y Sancho se encuentra con los amigos de Don Quijote, el barbero y el cura que lo quieren devolver a su casa, entonces una mujer se hace pasar por una princesa que quiere que mate a un gigante, Don Quijote cae en la trampa y es enjaulado y es llevado hasta su casa.

Paralelamente otro escritor llamado Avellaneda escribe otra segunda parte falsa del Quijote.

Don Quijote y Sancho salen de nuevo esta vez se dirigen el Toboso a buscar el palacio de Dulcinea, pero no lo encuentran ya que no existe, Sancho empieza a engañar a su amo en alguna ocasión como en el fragmento de las labradoras, que hace pasar una de ellas por Dulcinea.

Un amigo de Don Quijote llamado el Bachiller Carrasco sale a buscarle para devolverlo a su casa y se hace pasar por el caballero del Bosque que reta a Don Quijote en sierra Morena provocándolo diciéndole que él ya le a vencido, pero Don Quijote le gana.

Más adelante unos duques se quieren reír de Don Quijote y de Sancho y les dicen que una princesa está encantada y para desencantarla tienen que subir a un caballo de madera volador.
Después de esto para burlarse de Sancho le dan una ínsula para gobernar que se llama Barataria, y Don Quijote, para ayudarle, le recomienda que no diga refranes ya que muchos son disparates, que sea limpio entra otras cosas y que no coma ajos ni cebollas.

Lo primero que le hacen a Sancho es que presida un juicio entre dos personas y después lo llevan el palacio para comer, pero un médico que cuida por su salud no le deja comer los platos ya que le pueden hacer daño, y para terminar de humillar a Sancho le dicen que su ínsula será atacada, pero como que está harto de ser gobernador decide marcharse e ir a buscar a su amo, Don Quijote.

Cuando ha encontrado a su amo, se dirigen hasta Zaragoza y descansan en una venta donde escuchan que están leyendo la segunda parte falsa del Quijote escrita por Avellaneda.

Don Quijote se enfada mucho ya que el libro dice que él ya no está enamorado de Dulcinea y también que el libro está escrito en dialecto aragonés y decide que no irá a Zaragoza sino a Barcelona.

Cuando está en Barcelona se encuentra el caballero de la blanca Luna y le reta a una lucha, Don Quijote pierde y es condenado a retirarse durante un año, el caballero de la blanca Luna resulta ser el Bachiller Carrasco un amigo de Don Quijote que lo quiere devolver a su casa, es la segunda vez que lo intenta.

La primera vez se hizo pasar por el caballero del bosque, pero perdió.

Ya en su casa Don Quijote está muy enfermo y dice que él estuvo loco haciéndose caballero andante y también critica los libros de caballería, sus últimas palabras fueron, ahora ya no soy Don Quijote ahora soy Alonso Quijano y se murió.

Biografía de Miguel de Cervantes Saavedra

Nació en Alcalá de Henares en 1547. Su padre era un humilde hidalgo que practicaba la cirugía, de ascendencia judía. Estudió en los jesuitas y más tarde en las universidades de Salamanca y Madrid. Luchó en la batalla de Lepanto, en la cual resultó herido en la mano y no manco. Fue capturado por los turcos y liberado por los frailes. Volvió a la cárcel en Sevilla por unos asuntos turbios.

Cervantes cultivó muchos géneros, pero en el que destacó fue en la prosa con Don Quijote de la Mancha que constituye una de las cimas de la literatura universal. Aunque en lo que verdaderamente quería destacar fue en teatro. Pero en este género Lope de Vega le hizo mucha sombra. Finalmente, Cervantes falleció en Madrid en 1616.


Fuente: Taringa.

miércoles, 6 de julio de 2016

LAS HIPÉRBOLES EN “CIEN AÑOS DE SOLEDAD”

LAS HIPÉRBOLES EN “CIEN AÑOS DE SOLEDAD”

  
Todo lector que lea esta novela se dará cuenta enseguida del uso de un recurso estilístico constantemente: la HIPÉRBOLE o EXAGERACIÓN. En una de las primeras páginas podemos leer que sobre el personaje José Arcadio Buendía de dice: “conservaba su fuerza descomunal, que le permitía derribar un caballo agarrándolo por las orejas”. El ser una figura retórica tan recurrente se debe a que el escritor le dio una especial importancia para construir su universo de ficción.

La primera hipérbole que queremos analizar es la demostración que hizo Melquíades, sin duda una parodia de la ciencia. Leamos el texto: “Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades”. Es evidente que el escritor trata, mediante el uso de estos fierros, de presentar el gran poder del gitano al atraer todo lo metálico y encontrar las cosas perdidas. Su poder será tal que escribirá la historia de la familia de los Buendía antes de que suceda. Queremos constatar la trascendencia del adjetivo que acompaña a “fierros”. Un adjetivo que muestra su intención: “mágicos”. No son, pues, objetos que pertenezcan sólo a la realidad verificable, sino que van más allá, de ahí su inmenso poder.

La siguiente hipérbole es: “La mulata adolescente, con sus teticas de perra, estaba desnuda en la cama. Antes de Aureliano, esa noche, sesenta y tres hombres habían pasado por el cuarto. De tanto ser usado, y amasado en sudores y suspiros, el aire de la habitación empezaba a convertirse en lodo”. Esta exageración se inscribe en el hecho de la gran crueldad de la abuela de la chica, que le obliga a prostituirse como pago a un descuido que ocasionó el incendio de su casa. La crueldad es tal que precisa de un número hiperbólico: sesenta y tres. Por otra parte, el hecho de que el aire se convierta en barro es un signo de la gran actividad sexual a la que estaba obligada la adolescente. Como hecho general, recordamos que nuestro escritor es muy dado a servirse de cifras para expresar desmesura. También es importante señalar la fuerza de la adolescente y su sumisión ante el destino. Además, el hecho de que el personaje perverso sea una abuela amplifica la realidad literaria, ya que no era nada corriente un personaje –la abuela- que siempre había tenido buena fama y, desde luego, pesaba su condición de femenino. Todo esto crea la gran barbarie. De ahí que un lector tradicional se sorprenda.

La tercera hipérbole es un rasgo que define a José Arcadio Buendía, el cual “conservaba su fuerza descomunal, que le permitía derribar un caballo agarrándolo por las orejas”. Como él es el fundador de la familia y, además, de Macondo, tiene que poseer alguna característica propia de un héroe y la fuerza física es muy apropiada a este tipo de personajes de leyenda. ¿Se imaginan un héroe sin fuerza? No es posible. Cuando José Arcadio está en plena vejez todavía conserva esta característica: “no supo en qué momento se le subió a las manos la fuerza juvenil con que derribaba un caballo”. Parece que el tiempo no le afecta, como a cualquier héroe. Sin embargo, cuando pierde la razón le atan a un árbol, pero para esto “necesitaron diez hombres para tumbarlo, catorce para amarrarlo, veinte para arrastrarlo hasta el castaño del patio”. Ya se sabe, el héroe siempre es héroe y no decaen sus facultades. Incluso poco antes de morir todavía es un personaje hiperbólico, por eso su esposa “pidió ayuda para llevar a José Arcadio Buendía a su dormitorio. No sólo era tan pesado como siempre, sino que en su prolongada estancia bajo el castaño había desarrollado la facultad de aumentar de peso voluntariamente, hasta el punto de que siete hombres no pudieron con él y tuvieron que llevarlo a rastras a la cama”. Por lo tanto, la idea que sacamos es que la exageración y el heroísmo van de la mano en el caso del fundador de los Buendía. Y hay que añadir el poder sobre el cuerpo, el subir de peso si quería. Este rasgo es extraño en un héroe, pero en Macondo todo era factible. Por norma general, los personajes significativos de la novela presentan rasgos hiperbólicos.

La hipérbole también define a un descendiente de José Arcadio Buendía, del mismo nombre. Tras una larga ausencia de Macondo, José Arcadio regresa. Su retorno trae a la memoria al héroe de Homero, pero en el caso que nos ocupa lo paródico rompe lo heroico, aunque no del todo. La narración del regreso es interesante: “tuvieron la impresión de que un temblor de tierra estaba desquiciando la casa. Llegaba un hombre descomunal. Sus espaldas cuadradas apenas si cabían por las puertas. [...] su presencia daba la impresión trepidatoria de un sacudimiento sísmico”. Parece que anuncia que va a suceder algo importante. En su descripción física hay elementos que no concuerdan con los de un héroe clásico: “los brazos y el pecho completamente bordados en tatuajes crípticos”. Tampoco muchas de sus costumbres corresponden a un héroe: “En el calor de la fiesta exhibió sobre el mostrador su masculinidad inverosímil, enteramente tatuada con una maraña azul y roja de letreros en varios idiomas”. Lo que sí le corresponde del modelo heroico es su grandísima fuerza física, que en un principio exhibe en un burdel, lugar nada heroico: “Catarino, que no creía en artificios de fuerza, apostó doce pesos a que no movía el mostrador. José Arcadio lo arrancó de su sitio, lo levantó en vilo sobre la cabeza y lo puso en la calle. Se necesitaron once hombres para meterlo”. La conclusión es que Márquez creó este personaje como contraposición a los héroes (léase el coronel, Úrsula, etc.). En la realidad literaria existen los contrarios, porque de lo contrario no sería completa.

Otra hipérbole que interesa es la del coronel, en lo que se refiere a datos numéricos, ya que “promovió treinta y dos levantamientos armados”. En este número hiperbólico se asienta el héroe, pero acto continuo pierde su carácter de tal cuando el narrador añade: “y los perdió todos”. Así pues, no es propiamente un héroe, porque desconoce la victoria. También pierde su carácter heroico puesto que tuvo “diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas”. Ningún héroe literario se jactaría de esta promiscuidad. Por otra parte, el destino de sus hijos no puede ser más trágico: “fueron exterminados uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años”. Pero los números muestran a un militar, mitad héroe, mitad antihéroe. Aunque no gana batallas, es invencible personalmente: “Escapó a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento”. Y ni siquiera es herido, lo cual es bastante exagerado. En esto es un héroe, un personaje sobrehumano. Incluso un intento de envenenamiento lo supera: “Sobrevivió a una carga de estricnina en el café que habría bastado para matar a un caballo”. Su suerte llega al extremo de que incluso cuando se dispara a sí mismo, para salvar el honor al haber perdido todas las guerras, no consigue matarse: “Se disparó un solo tiro de pistola en el pecho y el proyectil le salió por la espalda sin lastimar ningún centro vital”. Parece como si los dioses le protegieran, a pesar de que el coronel hacía la guerra sin convicciones políticas y, como confesó, por orgullo. Pero en esto Márquez no sigue el modelo antiguo de héroe, el cual no se suicidaba y luchaba por la justicia. Nuestro héroe no tiene ideales.

El destino juega una mala pasada a Úrsula y Fernanda. Ellas conciben una idea extrema respecto al primogénito de Aureliano Segundo: nada menos que llegara a ser Papa. Aunque ponen medios materiales para que vaya al Seminario y a Roma, lo cierto es que él no tiene vocación y regresa a Macondo sumido en la vulgaridad y en cierta depravación. El sueño de Úrsula fue un espejismo. Es interesante que Úrsula, el personaje con más sentido común y siempre preocupado por el bienestar material, caiga en la trampa de la hipérbole. Parece que el espacio de Macondo hace creer a sus habitantes que es “un territorio mágico, en el cual prácticamente todo es posible”. Ciertamente, son contradictorias las dos caras de Úrsula, por un lado ser un personaje, ante todo, práctico y, por otro, concebir unas pretensiones grandiosas para el niño. De Fernanda no es de extrañar, pues ella misma fue educada para ser reina, aun cuando su familia no era potente económicamente y hasta trabajos humildes tuvo que hacer para sobrevivir.

Siguiendo con el mismo personaje, Úrsula, su fuerza vital y la cantidad de tiempo que vive son también una exageración de la mujer fuerte. En sus últimos años sufre un trastorno tal que mezcla los tiempos. Respecto a este elemento de la construcción literaria hay que decir que ya desde la primera página de la novela aparece la anticipación temporal y en muchos lugares hay saltos temporales para adelante o para atrás, junto a un presente. Esta “gran movilidad temporal” es un recurso propio de la literatura contemporánea, la cual lo potencia por diversas razones. Igual que los personajes, las acciones y el tiempo de Cien años de soledad se mueven en un círculo, de ahí que no extrañe la gran cantidad de saltos temporales y la repetición de hechos. El círculo es el actante principal en esta novela. A pesar de que Úrsula se da cuenta de esto, se siente impotente para cambiar nada y todo sucederá inevitablemente.

La última hipérbole que vamos a comentar corresponde a la muerte de José Arcadio, en concreto al olor de la pistola. Su asesinato está rodeado de una aureola de misterio y elementos mágicos (el desconocimiento del asesino y sus móviles, la sangre que emana de su oído y va a avisar a Úrsula). Pues bien, parece que nuestro escritor quiere mostrar que cualquier cosa puede ser una hipérbole en su universo ficcional, hasta un olor determinado, como es el caso que comentamos: “Tampoco fue posible quitar el penetrante olor a pólvora del cadáver”. Como consecuencia de esto, los personajes caen en las siguientes excentricidades: “Primero lo lavaron tres veces con jabón y estropajo, después lo frotaron con sal y vinagre, luego con ceniza y limón, y por último lo metieron en un tonel de lejía y lo dejaron reposar seis horas”. Se produce tal desesperación a causa de este olor que incluso se llega a pensar en un gran disparate: “Cuando concibieron el recurso desesperado de sazonarlo con pimienta y comino y hojas de laurel y hervirlo un día entero a fuego lento, ya había empezado a descomponerse”. El olor parece indicar algo en el texto, de ahí su persistencia: “Aunque en los meses siguientes reforzaron la tumba con muros superpuestos y echaron entre ellos ceniza apelmazada, aserrín y cal viva, el cementerio siguió oliendo a pólvora hasta muchos años después”. Así pues, puede ser un indicio de algo: nos quiere comunicar algo. Otros personajes también destacan por el olor, como es el caso de Pilar Ternera.

No queremos terminar este breve estudio sin hablar de Melquíades, uno de los personajes importantes de la novela, hasta el punto de que él es quien escribe la historia de la familia antes de que acontezca. Este personaje se asemeja a un narrador omnisciente, pero su misterio va más allá como reconocen todos los personajes. Nos interesa la siguiente cita, en relación a la hipérbole: “Pero la tribu de Melquíades, según contaron los trotamundos, había sido borrada de la faz de la tierra por haber sobrepasado los límites del conocimiento humano”. Ciertamente Melquíades está más allá de lo humano. No olvidemos que lo hiperbólico está más allá de lo común, y lo transgrede. Este personaje, a modo de un Dios, crea el futuro, igual que un escritor crea un texto. Pero se diferencia del Dios y del escritor en que, inevitablemente, muere.

La hipérbole, por lo tanto, es un elemento literario fundamental para García Márquez. Es el reflejo de un mundo ficcional en el que todo es posible. También es una forma de acabar con un realismo trasnochado, copia de lo “real” del mundo físico.


Referencia: José del Rey Poveda 2000. Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid.

jueves, 30 de junio de 2016

CIEN AÑOS DE SOLEDAD (Resumen)

CIEN AÑOS DE SOLEDAD
(Resumen)

La obra traza la historia de varias generaciones de la familia Buendía, comenzando con la pareja José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, un matrimonio de primos. Debido a este parentesco, Úrsula tiene miedo a consumar el matrimonio, dado que hay un mito que sus hijos nacerán con cola de cerdo o iguana.

Por lo tanto surgen rumores de que Úrsula sigue virgen. Este rumor sale a la luz cuando Prudencio Aguilar cuestiona la hombría de José Arcadio, tras perder una pelea de gallos. En el duelo que sigue, José Arcadio mata a su rival, pero no se libera tan fácilmente de su enemigo, cuyo fantasma se le aparecerá constantemente.

Después de este episodio, José Arcadio y un grupo de otras familias deciden dejar el pueblo de Riohacha y atraviesan la sierra en busca de una salida al mar. Úrsula por fin disipa sus temores, y en el trayecto nace su hijo primogénito José Arcadio. Una noche durante este viaje, José Arcadio sueña con una "ciudad ruidosa con casas de paredes de espejo" llamada Macondo. La mañana siguiente ordena derribar los árboles y allí al lado del río fundan la aldea de Macondo. Es en este pueblo donde nacerán su segundo hijo Aureliano y su hija Amaranta. Los nombres de estos tres hermanos se repetirán en futuras generaciones.

Cuando se establecen en Macondo, el único contacto que la aldea tiene con el exterior es a través de las visitas periódicas de una banda de gitanos que traen inventos y novedades como la lupa, el imán y el hielo. José Arcadio se obsesiona con estas curiosidades y nuevas teorías, y hasta llega a deducir por cuenta propia que la tierra es redonda. Llega a formar una estrecha amistad con Melquíades, el líder de los gitanos, quien le regala un laboratorio de alquimia. Melquíades se muere y se resucita varias veces en la historia.

Llega al pueblo Rebeca, una prima lejana que trae los huesos de sus padres en un saco y tiene el vicio de comer tierra. En esta misma época también llegan al pueblo la peste del insomnio y la peste del olvido que hace que los habitantes de Macondo pierdan la capacidad de recordar. Melquíades vuelve de la muerte para curar el pueblo con una bebida especial y en agradecimiento, José Arcadio lo invita a quedarse a vivir en su casa. Durante su estancia escribe unos pergaminos en sánscrito que nadie puede descifrar por casi cien años.

De tanto estudiar, José Arcadio pierde la cordura y muere atado a un árbol. En cambio, Úrsula, la matriarca de la familia, vive por más de cien años. Su hijo José Arcadio tiene relaciones con una mujer que se llama Pilar Ternera y ésta queda embarazada. El hijo se llama Arcadio y se cría en casa de Úrsula. La historia se repite cuando su hermano Aureliano también tiene relaciones sexuales con Pilar Ternera y se entera que va a tener un hijo con ella.

Esta noticia no impide que Aureliano se case con su comprometida, la adolescente Remedios, la hija menor de Don Apolinar Moscote. Remedios queda embarazada, pero muere antes del parto. Ésta es sólo una de muchas historias de amor, desamor y desgracia de la familia Buendía.

Aureliano se convierte en coronel y deja Macondo para dirigir un ejército de resistencia cuando estalla la guerra civil. Durante la guerra, procrea 17 hijos. En su ausencia, Arcadio es designado jefe civil y militar del pueblo, pero se convierte un dictador brutal, por lo que es fusilado. Aureliano se cansa de luchar y firma un tratado de paz. Luego trata de suicidarse pero sobrevive y pasa el resto de sus días encerrado en su casa fabricando pescaditos de oro.

Macondo se convierte en un centro importante de la región con la llegada del tren, telégrafo, gramófono y cine. Este progreso atrae extranjeros quienes ponen una plantación bananera cerca del pueblo. Eventualmente los trabajadores se declaran en huelga por lo que la compañía bananera acude al ejército nacional que llega y fusila a todos los trabajadores.

Tras esta masacre, llueve por cuatro años, once meses y dos días. Al terminar las lluvias, Úrsula, la matriarca de la familia fallece. Nace otro Aureliano Buendía, el penúltimo de la familia, aunque eventualmente cuando puedan leer los pergaminos de Melquíades se descubre que es hijo ilegítimo y que su apellido debe ser Babilonia.

Ya han transcurrido varias generaciones y quedan muy pocos miembros de la familia y ya ni se acuerdan los Buendía en el pueblo. Llega a Macondo Amaranta Úrsula y tiene un romance con su sobrino Aureliano, quien se ha obsesionado con la tarea de descifrar los pergaminos. Queda embarazada, pero por fin los miedos de Úrsula se vuelven realidad y el hijo nace con cola de cerdo. Amaranta muere en el parto y Aureliano sale de la casa desesperado en busca de ayuda, pero Macondo es ya un pueblo abandonado. Cuando regresa a su casa descubre que las hormigas están devorando a su hijo recién nacido. Es en ese momento cuando se acuerda del epígrafe de los pergaminos que dice: "El primero de la estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas".

Aureliano por fin entiende que en los pergaminos Melquíades había presentido el destino de la familia que terminaría con él porque "las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra".


Referencia: literatura.about.com.